Cada jornada comienza en modo multitarea: desayuno, lonchera, colegio… después, la carrera por la oficina y la mente enfocada en el trabajo. Al final del día, el cansancio conduce de nuevo a la cocina, entre sartenes y tareas escolares, hasta terminar rendidas y enfrentar el mismo ciclo al día siguiente. El cansancio y la frustración suelen ocultarse; en la oficina se exige la imagen de la ejecutiva exitosa, en casa la madre abnegada.

