¿Te has dado cuenta de que, a veces, cuando tienes invitados en casa te vas detrás de cada detalle: que todos estén atendidos, que a nadie se le termine la bebida, que la comida llegue caliente, que la casa luzca perfecta? Preparas la actividad, organizas el ambiente, cuidas que todo funcione, pero cuando se retiran descubres algo incómodo: no sabes realmente de qué se habló, qué sintieron, qué contaron. Estuviste en todo… menos en la experiencia de compartir.
La historia de Marta y María, en Lucas 10:38, se parece mucho a esto. Marta hace lo que cualquiera consideraría correcto: tiene un invitado importante y se vuelca en servirle. Quiere que todo salga bien, que nada falte. Desde afuera, parece la anfitriona perfecta, pero mientras corre se irrita, se compara con su hermana, se siente sola e incluso cuestiona a Jesús.
Marta pensó que honraba a su invitado, pero terminó desatendiéndolo. Estaba tan enfocada en “hacer cosas para Él” que se perdió el momento de “estar con Él”. María, en cambio, se sienta a los pies de Jesús y lo escucha. Desde la lógica de la productividad, parece irresponsable; desde la lógica del corazón, es sabia. Entiende que hay algo más valioso que la casa impecable: aprovechar la presencia de quien puede hablarle al alma y darle una nueva manera de ver la vida.
La escena de Marta y María muestra que incluso algo bueno como servir, trabajar o cuidar puede volverse trampa cuando nos desconecta de Dios y de nosotras mismas. Jesús no desprecia el servicio de Marta, pero sí el peso que ella se ha puesto encima y le señala que está inquieta y turbada por muchas cosas. No se trata de escoger entre Marta o María, sino de ordenar el corazón para que nuestras acciones sigan el orden correcto y las prioridades estén bien establecidas.
Esta historia nos invita a revisar qué estamos cultivando al inicio de este año. La Biblia lo dice de forma directa: “Todo lo que el hombre sembrare, eso también segará; porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna” (Gálatas 6:7-8). Sembrar solo en lo externo —lo urgente, lo visible, lo rápido— puede dejarnos vacías. Sembrar “para el Espíritu” es abrir espacio para alimentar lo interior: la fe, la esperanza, la paz que no depende de cómo salió el día.
Por eso, otro verso hace una invitación clara: “Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:33). No se trata de abandonar responsabilidades, sino de cambiar el orden. Antes de correr detrás de todo, vale la pena hacer una pausa y preguntarnos: “¿Dónde está Dios en mi agenda? ¿Estoy cultivando algo que dé fruto en mi alma, o solo sobrevivo?”. Cuando Jesús es prioridad, el resto encuentra su lugar; cuando Él es solo “otro pendiente”, la vida se vuelve una carrera agotadora.
La buena noticia es que Jesús no llega para añadir presión, sino para liberar. A Marta no la humilla ni la descarta; la llama por su nombre y le muestra un camino diferente, uno donde no todo depende de su rendimiento, sino de aprender a confiar. La vida que Jesús sueña para ti no es una lista interminable, sino una relación en la que puedes descansar y descubrir que no estás sola en lo que llevas.
Cuando decides sentarte, aunque sea unos minutos al día, a abrirle tu corazón a Dios, haces lo mismo que María: eliges la mejor parte. No significa que el trabajo desaparece ni que las responsabilidades se esfuman, pero sí que las colocas en el orden correcto; ya no están de primeras en la lista, porque ese lugar lo ocupa ahora Dios.
En este nuevo año, el reto no es solo “hacerlo mejor”, sino vivir distinto: menos ruido, más escucha; menos correr sin rumbo, más tiempo para lo que permanece. ¿Te atreves a dejar por un momento el “corre, corre” y sentarte a hablar con Dios, aunque no tengas todas las palabras claras? Puedes empezar contándole cómo te sientes, qué te pesa, qué te ilusiona; desde ahí, paso a paso, Él puede enseñarte a ordenar tus prioridades y a encontrar un ritmo que no te rompa por dentro.
En Alas de Fe queremos recordarte que no fuiste creada para vivir corriendo, sino para disfrutar la presencia de Dios y de las personas que más amas. Si hoy te reconoces un poco en Marta, inquieta y cargando con todo, recibe esta verdad: Jesús te ve, conoce tus luchas y te invita a descansar en Él. Que este inicio de año sea una oportunidad para elegir, como María, la mejor parte. Caminemos juntas en este proceso, aprendiendo a priorizar lo que permanece y descubriendo, paso a paso, a un Dios cercano que se sienta a tu mesa y te ama tal como estás.
Zaira Mora Blanco
Directora Alas de Fe

