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Humildad: cuando tus redes vuelven vacías.

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¿Alguna vez has trabajado toda la noche —literal o metafóricamente— y al amanecer descubres que tus redes están vacías? Ha aplicado todo tu conocimiento, experiencia y formación profesional y, sin embargo, nada funciona. El cansancio se apodera de tu cuerpo y mente. La frustración susurra: “¿Para qué seguir?”

Este agotamiento no es fracaso. Es señal de que eres humana, de que has dado lo que tienes y confiado en tu propia capacidad hasta llegar a un límite. Como mujeres profesionales, hemos sido entrenadas para confiar en nuestro conocimiento, formación y esfuerzo. Pero hay momentos donde todo eso no es suficiente. Nos frustramos. Queremos abandonar.

Precisamente en ese límite puede ocurrir algo nuevo. Simón Pedro y sus compañeros eran pescadores profesionales. Conocían cada corriente del lago, cada época, cada técnica. El oficio era su identidad. Sabían dónde, cuándo y cómo echar las redes. Sin embargo, esa madrugada todo salió mal. Echaron las redes una y otra vez bajo la luna. Agotaron sus fuerzas. Al amanecer, las redes volvieron vacías. Las aguas guardaban silencio. El fracaso era tangible.

Pedro puso excusas: primero el agotamiento de trabajar toda la noche, luego su experiencia —era pescador profesional, Jesús un carpintero—. Su conocimiento técnico se convirtió en obstáculo para la fe. Las condiciones parecían imposibles: en el mar de Galilea se pescaba de noche y cerca de la orilla. Pero Jesús le dice: “Echa las redes a lo profundo para pescar” (Lucas 5:4) —a plena luz del día, muy adentro, el peor momento según la lógica del oficio.

No había razón para obedecer. Era de día. Los peces usualmente están más profundos de noche. Ya habían agotado sus fuerzas. La experiencia decía “no hay nada”. Pero Jesús no pide señales ni garantías. Solo pide confianza.

El punto de inflexión: Pedro decide subordinar su lógica a la autoridad de Jesús. Dice: “Maestro, hemos trabajado toda la noche y no hemos pescado nada; pero porque tú lo dices, echaré las redes” (Lucas 5:5). Esa frase —”porque tú lo dices”— es obediencia basada en confianza profunda, es rendicion. Pedro reconoce que, aunque su experiencia dice “no hay nada”, la palabra de Jesús tiene poder para cambiar la realidad. Lo reconoce como Maestro, como jefe con autoridad. Deja de lado su orgullo profesional. No mira las circunstancias, no se refugia en el cansancio. Mira a la persona que da la orden.

Aquí está la verdad: la fe bíblica no es la ausencia de dudas o cansancio, sino la decisión de actuar a pesar de ellas. Y en ese acto de humildad ocurre el milagro.

Cuando Pedro obedeció, las redes se llenaron tanto que casi se rompían. Ambas barcas se llenaron hasta casi hundirse (Lucas 5:6-7). No fue suerte. No fue mejor técnica. Fue porque Jesús lo dijo.

El agotamiento no es el fin. Lo importante no es cómo nos sentimos, sino qué hacemos con ese sentimiento. Jesús te invita a cambiar de estrategia. Ir a “aguas más profundas” significa salir de tu zona de confort. A veces el problema no es tu esfuerzo, es tu ubicación, tu comodidad, tu miedo a arriesgar, tu orgullo de saberlo todo.

Pedro era experto. Jesús, un carpintero. Pero Pedro dejó el orgullo profesional y obedeció. ¿Estás dispuesto a hacer lo mismo? ¿Recibes consejos con mentalidad abierta, incluso cuando vienen de personas que consideras “menores” en algún área?

La persistencia no es insistir en lo mismo una y otra vez. Es persistir con obediencia, humildad y disposición a cambiar. Pedro echó la red justo después del fracaso. No esperaba sentirse mejor pero obedeció inmediatamente. Hoy Jesús está en tu barca. Te dice: “Echa las redes a lo profundo. Porque yo lo digo”.

Si escuchas con humildad y accionas, el milagro puede ocurrir. Las redes se pueden llenar. La esperanza regresa. Reconoce que no fue tu esfuerzo, fue Su poder. Muchas veces intentamos tirar las redes, no encontramos pesca, nos frustramos y ponemos excusas. Justo ahí, aquello que parece problema puede convertirse en oportunidad. Pero necesitamos ser humildes, resilientes, dejar el orgullo y permitirnos ser redirigidas.

Desde Alas de Fe te invitamos a accionar esta verdad hoy. Haz esta oración mientras echas nuevamente tus redes:

Señor Jesús, gracias por llegar en medio de mis redes vacías. Gracias por no reprocharme mi cansancio, sino por darme un nuevo mandato. Hoy elijo obedecer “porque tú lo dices”, aunque mis circunstancias y experiencia digan lo contrario. Dame humildad para reconocer que tu autoridad supera mi conocimiento, valentía para arriesgarme a lo profundo, y persistencia para intentar una vez más. Transforma mi escasez en abundancia. Amén.

Guiselle Mora Blanco

Directora Alas de Fe